Ten amigos más grandes que tú
Te abrirán el camino
Casco, radios, localizadores, airbags y snowboard listos.
Se abre la puerta del helicóptero y entra una camaradería de hombres decididos a romper sus límites.
Es un llamado a la guerra.
Poco a poco nos elevamos hasta llegar a la cima y aterrizar a 3,000 metros de altura.
Segundos después, el chopper desaparece entre las nubes.
Solo eres tú ante la inmensidad de las montañas.
El asombro de ese momento deja una huella inolvidable.
Junto a ti, solo tus camaradas y el guía, con la misión de bajar la montaña sin perder la vida en el intento.
Y es justo ahí donde está la clave: la montaña no exige miedo.
Exige presencia.
Presencia para agradecer y respirar la tranquilidad de ese momento.
Presencia para acompañar, servir e inspirar a los camaradas.
Presencia para ser un niño que juega en las montañas.
Y cuando los niños salen a jugar, la edad no importa.
No importa si eres Diego de 27, Oso de 47 o Raúl de 60 años.
Lo importante es que solo la presencia convoca a los niños a jugar.
¿Y qué mayor alegría para un niño que retarse y divertirse con helicópteros, esquís y nieve en la naturaleza?
Todos son hombres dejando huella en el camino y, también, todos son niños en el juego de este sueño que es la vida.
Unos niños son más rápidos y arriesgados. Unos prefieren hablar y otros escuchar. Unos se desvelan y otros no.
Los niños chicos se inspiran en la sabiduría y experiencia de los grandes. Los niños grandes se inspiran en la visión y la energía de los chicos.
Si pones atención en estos círculos, comprendes que todos somos hermanos de diferentes edades. Todos aprendemos de todos. Todos servimos a todos. Todos crecemos juntos.
Recuerdo que de niño me preguntaba:
—¿Por qué papá tiene amigos de la edad del abuelo?
No entendía por qué mi padrino de bautizo, aunque fue uno de los mejores amigos de mi papá, le llevaba 20 años.
Después anduve por el camino, la vida sucede y, de repente, estoy igual que mi padre.
Cinco de mis relaciones más íntimas y profundas son de la edad de mi papá o mayores que él.
Cada uno me da el sello de su regalo y, al hacerlo, me abre una parte del camino de regreso a mí mismo.
Son relaciones que abren las puertas de la percepción hacia la persona que queremos ser. Son fuentes de admiración que despiertan la inspiración que desata la transformación.
La semana pasada, el gran guardián de hermandades, Oso Trava , convocó una poderosa camaradería a las altas montañas canadienses. Tuve el privilegio y la responsabilidad de tener como ejemplo a Waldemar Franco y a Raúl Romero (el Zorro plateado).
Cada uno portó el sello y el símbolo de su camino.
Caminos de acción deliberada. Caminos de disciplina practicada con placer. Caminos de compromiso con uno mismo.
Por ejemplo, en las conversaciones del jacuzzi y el sauna, los dos escuchan más de lo que hablan. Y es así por una razón específica: ya llegaron al punto en que no tienen nada que demostrar.
Entonces, cuando Waldemar o el Zorro hablan, es momento de escuchar.
Regresas a la presencia para escuchar la receta de los que van antes de ti y ya lograron lo que tú quieres lograr.
Waldemar tiene 57 años y, de un grupo de más de 20 hombres, es el que más fuerza, condición física y control tiene del cuerpo (también más que tú, Chuy).
Baja la montaña con un estilo impecable y flota sobre la nieve. Toma el riesgo, entra con velocidad a la rampa, salta más alto y más lejos que cualquiera, y al verlo aterrizar solo piensas en una palabra: libertad.
Cuando compartes esta experiencia con él, conectas los puntos y comprendes que Rodavento nació del compromiso y la congruencia con su alma aventurera.
Raúl tiene 60 años y, en un comentario, sintetiza la conversación de 12 cabrones en el sauna.
—Un hombre es aquel que abre, deja florecer y sostiene la feminidad con toda su luz y su sombra.
Ha desarrollado una exquisita maestría sobre el poder de la presencia, la práctica y la intencionalidad. Entiende la visión de la persona en un sistema y sabe cómo, cuándo y dónde actuar para fortalecer sus cimientos y desbloquear nuevas alturas.
Hemos compartido experiencias que desafían lo aprendido en el camino, y que solo en la acción se transforman en conocimiento. Es un alma entregada a la maestría del camino interior y, por eso, es coach de los CEOs de las empresas más ejemplares de México.
Para mí son dos símbolos diferentes de lo que es posible cuando eliges el camino solitario. Los hábitos transformadores. La práctica y la disciplina. La búsqueda infinita de nuestra incongruente congruencia y la alineación interna.
Caminos que nadie puede comprar, heredar ni copiar. Son el resultado del experimento que han hecho de su vida.
Eso los convierte en una poderosa fuente de inspiración a los ojos de un hombre de 34 años que siente que está en el principio del inicio de su vida.
Como bien dijo el guardián de las hermandades:
— Lo que sucede cuando juntas naturaleza, adrenalina y hermandad es lo que verdaderamente nos hace crecer. Momentos de asombro, de incomodidad, de introspección, diversión, profundidad, reto y tranquilidad.
Qué belleza, la responsabilidad de estar rodeado de hombres con caminos alineados y comprometidos.
Ten amigos más grandes que tú porque te abrirán puertas.
Ten amigos más grandes que tú porque ya conocen el camino.
Ten amigos más grandes que tú porque te van a cambiar la vida.
Se convertirán en tus hermanos y te ayudarán a descubrir y dar tu regalo al mundo.
— Miguel
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Para escuchar este escrito narrado por mí es aquí.
PD: Waldemar y Raúl tienen entrevista con Oso en Cracks.
PD2: Raúl también escribió un Momento de Tranquilidad (aquí)
PD3: ¿A quién admiras y aún no has buscado?



