¿Cómo vas a medir tu vida?
Aprender a vivir con intención
(Escúchalo narrado por mi en Spotify, aquí).
Terminamos el heliesquí y le pedí a Oso Trava reunirnos 1 a 1 para escuchar su perspectiva sobre cómo expandir Momentos de Tranquilidad y convertirlo en mi proyecto de vida.
Mientras tanto, me dijo algo valioso:
— Si no fuéramos amigos pensaría que no trabajas. Los que no te conocen no saben qué haces profesionalmente, porque solo compartes reflexiones de tu vida personal. El storytelling ya lo tienes. Ahora toma las historias de tu vida profesional y llévalas a Momentos de Tranquilidad.
Lo medité y comprendí que, para que el trabajo se sienta como un juego y el juego como un trabajo, debo elevar mi libertad creativa y hoy tengo una historia para practicar.
Era el 31 de marzo de 2021.
En medio de una persecución en carretera, a más de 180 kilómetros por hora, en sentido contrario, con una llanta reventada, esquivando coches, rozando el muro de contención y escapando de cuatro sicarios con armas largas, hubo una pausa.
En la ráfaga de balazos, el tiempo se detuvo y escuché el silencio dentro de mí.
En su profundidad, los latidos del corazón de un hombre que sabe que está a punto de morir.
Me escondí bajo el volante. Cerré los ojos. Agradecí a mis padres, mis hermanos, mi sobrina y a Karla. Sentí mi vida pasar. Pedí perdón y me despedí.
— ¿Cómo vas a medir tu vida?
Escuché una voz decirme desde adentro.
No pude responderme a mí mismo.
Sentí pena, vergüenza y frustración por desperdiciar privilegios que no honré.
No encontré una acción tan significativa que destacara frente a la muerte.
— No hice nada con mi vida.
Me respondí en lágrimas.
Mi intuición me dijo que había llegado nuestro momento. Escuché llantas derrapar, hombres gritar y armas cortando cartucho. Me vi a los ojos con mi amigo Luis. Asentimos con la cabeza, diciéndonos todo sin decir nada, y nos dijimos adiós.
Minutos después estábamos a salvo. Nos rescató un hombre al que no le importó arriesgar su vida por la nuestra. A través de ese héroe, la vida nos dio un invaluable regalo: una segunda oportunidad.
Recibí la señal para reescribir mi historia con un significado heroico, mítico y mitológico: si sobreviví fue por algo grandioso, y no pararé hasta descubrirlo, entregarme a ello y regalarlo al mundo.
Aún recuerdo el lugar exacto donde me hice esa promesa y, desde entonces, es un mantra que mantiene mi entusiasmo por el camino.
En esa experiencia cercana a la muerte, algo cambió. Una parte de mí murió para dar espacio a lo que debía nacer.
Aprendí a vivir con intención.
Entendí el tiempo como mi recurso más sagrado. Cada relación, decisión, viaje, experiencia y negocio debía ir alineado a una intención y propósito.
Los siguientes meses me cuestioné todo: mis hábitos, atención, enfoque y amistades. El cuestionamiento no era solo cómo quería vivir. También era dónde, con quién y para qué estaba entregando mi tiempo en las empresas de mi familia. Especialmente en Metrópoli, nuestro bróker de seguros y fianzas.
— ¿Qué propósito tiene para mí? ¿Cómo puedo sumar valor? ¿Cómo encontrar sentido en una industria que casi nadie mira con admiración?
Vender seguros no es fácil. No es sexy. No da estatus.
Es una industria burocrática, pesada y llena de fricciones. Antes de conocerte, el cliente ya desconfía de ti.
Piensan que:
— La aseguradora busca cualquier motivo para no pagar.
— Los seguros de gastos médicos ya son un lujo inalcanzable.
— El pago de una enfermedad es un laberinto entre deducibles, coaseguros y letras chiquitas.
Aun así, mi familia lleva más de 60 años en la industria.
Entre la primera y la tercera generación hemos acompañado a clientes en su trayectoria de 3 sucursales a más de 750 solo en México. Negocios familiares transformarse en empresas de presencia internacional. Y familias entregar cartas a mano a los accionistas agradeciendo el respiro que les dio el seguro de vida.
También hemos visto a empresarios y familias perderlo todo por no asegurarse.
Un cáncer que se comió un patrimonio construido en décadas por dejar de pagar el seguro. Un incendio que no quemó una fábrica, quemó un sueño y los ingresos de cientos de familias. Una muerte impredecible que dejó a una madre e hijos vulnerables ante el mundo.
Hemos visto de todo, pero no sabíamos cómo contar la historia. Y la historia empezaba respondiendo:
¿Por qué hacemos lo que hacemos?
Sentía que, al descubrir el propósito de Metrópoli, encontraríamos la respuesta al significado profundo de lo que hacemos.
Al poco tiempo conocí a Humberto Herrera, quien me presentó con Daniel Marcos.
Con Daniel nos hicimos las preguntas correctas:
— ¿Qué pasaría si Metrópoli dejara de existir mañana? ¿De qué se pierde el mundo si desaparecemos? ¿Por qué tenemos como clientes a empresas AAA por más de 35 años de manera ininterrumpida?
Y al recordar la visión de la primera generación, nació nuestro propósito:
Asegurar Momentos de Tranquilidad.
De pronto, ya no vendemos seguros, burocracia e incertidumbre.
Vendemos tranquilidad, cercanía y acompañamiento.
Es una forma diferente y mejor de medir mi vida.
Es aspiracional. Es estatus. Es sexy.
Al descubrir nuestro propósito, comprendí que mi rol es ser el guardián de su visión y sus valores. Ese momento fue un punto de inflexión para mi vida personal y profesional.
Detrás de cada Momento de Tranquilidad hay un Gran Mecanismo.
Cada persona es un engranaje. Grande o pequeño, todos son necesarios para que el mecanismo funcione. Si uno se detiene, sin importar su tamaño, la maquinaria para.
No se trata solo de vender o renovar pólizas. El Momento de Tranquilidad sucede cuando llega la tormenta y cumplimos nuestra promesa en el instante que el cliente más lo necesita: estar contigo, pase lo que pase.
Eso es el significado profundo de nuestro trabajo: acompañar, guiar y honrar nuestra palabra. Y en un negocio fundamentado en la prevención de riesgos futuros, cumplir con tu palabra en el futuro lo es todo.
Un día le di mi palabra a Daniel Marcos:
— Haré todo lo que pueda para inspirar a nuestro equipo a crecer, superarse y desarrollar una mentalidad de acero.
Mi primera acción fue crear un newsletter semanal que, para dar fuerza a nuestro propósito, se llamó “Momentos de Tranquilidad”.
No sabía escribir. No sabía de qué hablar. No sabía qué estaba haciendo.
Solo tenía un objetivo: el crecimiento personal del equipo.
Este gran viaje inició con historias de otras personas y, poco a poco, empecé a compartirme. No dimensioné lo que nacería de esto: las puertas que me abriría, las experiencias que viviría y los hermanos con los que me reencontraría en el camino de la mente al corazón.
Se convirtió en viaje del conocimiento de mi mismo.
Ahora sé que nací para crear, inspirar y dar Momentos de Tranquilidad.
Ahí está la respuesta a cómo voy a medir mi vida.
Y tú, ¿cómo vas a medir tu vida?
— Mike
PD: Nosotros diseñamos la tranquilidad para tu empresa. Si quieres que lo hagamos, responde este correo con palabra “Tranquilidad”. La decisión es tuya.
PD2: Al día siguiente de nuestra conversación, Oso compartió su reflexión de lo que hablamos como: la mejor forma de vender.



