Perdonando a mi padre
Comprendí que no hay nada que perdonar
(Escucha en Spotify esta revelación de la IV edición de Mente al Corazón en Valle Paralelo.)
Todo hijo elige a su padre antes de nacer.
La relación padre-hijo es un vínculo que honra un pacto sellado en lo más alto.
Un pacto para entregar y heredar la antorcha del linaje masculino. Un pacto para encontrar sentido a la experiencia humana. Un pacto para que el alma evolucione.
El desafío es que el pacto vive en el recuerdo. Y para abrir la memoria antigua, el único camino es hacia adentro.
Los juicios, las quejas y los señalamientos a lo que hizo o no hizo, tanto en la familia como en la empresa, envenenaron el tejido de mi relación con mi padre.
Quien más daño se hizo fui yo a mí mismo. Por momentos, lleno de rencor, culpa o dolor. Negando de donde vengo y compitiendo a ver quién es mejor.
¿Quién hace más? ¿Quién puede más? ¿Quién logra más?
Ahí me perdí.
Cuando un hijo está en conflicto con su padre, está en conflicto con la fuerza de su linaje.
Pierde su confianza. Pierde su esencia. Pierde su camino.
Me tardé 34 años en comprender la magnitud de nuestro pacto.
El pacto fue que, con una ejecución impecable de su papel, sería mi guía hacia el camino de la mente al corazón.
El punto de no retorno fue en noviembre del 2022, cuando mi historia con él me llevó a la ceremonia con la medicina de la selva.
La Ayahuasca me quitó el miedo…
El miedo a ser un gran padre.
El miedo a ser yo mismo.
El miedo al amor.
Y al perder el miedo, pude perdonar.
Perdonar a mi padre y perdonarme a mí mismo.
Al perdonar a mi padre, confié en el linaje de los hombres.
Recibí la bendición de mi abuelo, de mi bisabuelo y, generación tras generación, la bendición de todo el linaje hasta llegar a Jesús: el heraldo del Padre Eterno y Hombre Libre de Pecado. La encarnación de la inocencia que todos compartimos.
En ese momento de conexión entre el Padre Eterno, Jesús y el Gran Maestro de mi Gran Maestro, comprendí el milagro del hombre:
El milagro del hombre no es el amor. El milagro del hombre es compartir el amor.
Ese amor que solo existe en el acto deliberado de ofrecerlo sin esperar nada a cambio. Ese amor que todo cura, todo sana y todo integra. El amor que lleva la medicina de Dios adentro.
Al perdonar a mi padre, comprendí que somos instrumentos al servicio del amor de Dios.
La grandeza del amor llega a quien se elige a sí mismo. A quien no se priva ni priva del amor. A quien con una sonrisa asume y ofrece su regalo al mundo.
El amor es la fuente inagotable que despierta la creatividad del corazón. Somos sus guardianes y nuestra misión es compartirlo.
Como lo cantamos el fin de semana: No te olvides, hermano, que lo que das con el corazón regresará con amor y será nuestra esencia.
Somos los instrumentos que tocan la música del amor de Dios.
Al perdonar a mi padre, finalmente comprendí que no hay nada que perdonar…
Porque, como me enseñó un maestro:
“Toda persona tiene las más profundas razones para ser como es y hacer lo que hace.” — Alfonso Ruiz Soto
Ya entendí en lo más profundo de mi ser que no hay nada que perdonar. Así descubrí, en el camino del perdón, el camino al amor en libertad y a la libertad en el amor.
Y cuando finalmente me atreví a amar a mi padre como un ser humano hermano, fui de la mente al corazón y me comprometí con el camino del servicio al amor del corazón.
Amando a mi padre, descubrí el Código Sagrado: la respiración que disolvió la coraza de mi corazón.
Amando a mi padre, comprendí que solo en el amor de Dios se crea y se recrea el significado de la vida.
Amando a mi padre, descubrí su luz.
Y en su luz vi el camino al amor de mi madre.
Ahora es momento de atreverme a amar a mi madre sin límites y, ahora sí, convertirme en hombre.
Un hombre que se atreve a llorar.
Un hombre que se atreve a ser un instrumento del amor.
Un hombre que se atreve a perdonar en el corazón hasta comprender que nunca hubo nada que perdonar.
Ahora estoy donde siempre he querido estar.
Gracias, papá.
— Miguel




Bonita lectura, gracias por compartirla. Me movió mucho y me resuenan muchas cosas. Es un tema tan grande como complejo, y al mismo tiempo, sería más fácil si regresáramos al concepto de amor.
Mi papá falleció la semana pasada, y en esos momentos, con el piso muy movido, solo pude escribir esto en redes para compartir con la gente que me estaba escribiendo y dándome apapachos tanto virtuales como presenciales.
"Hoy en la mañana falleció mi papá, a los 80 años recién cumplidos. Nunca quiso explicarnos de forma clara lo qué le hubiese gustado que pasara en una circunstancia como esta, pero sí sé que habría preferido algo íntimo y familiar, por lo que decidimos no hacer una ceremonia grande.
La vida es un fenómeno interesante de puro aprendizaje, crecimiento y un extremadamente duro estira y afloja. Entre mis 13 años y mis 45 años, mi papá y yo desarrollamos una relación bastante compleja, en muchos momentos desafortunada y muchas veces cargada de ira y resentimiento; otras veces de tolerancia, pero no necesariamente de aceptación.
Los últimos 4 o 5 años, cada quien por su parte, decidimos trabajar mucho y construir desde un lugar diferente. Me siento muy bendecido de haber podido reparar, reconstruir y crear una relación bonita, incluso mejor que la que teníamos cuando yo era niño y él bastante joven.
Hoy, desde temprano, fue un día de emociones encontradas, de subidas y bajadas, pero la realidad es que lo que pasó hoy lo veníamos trabajando juntos desde hace ya un buen tiempo. El martes pasado tuvimos oportunidad de despedirnos sin saberlo. Pasamos la tarde juntos y fue muy bonito.
Hoy me siento agradecido de haber podido hacer el trabajo y de haber cedido ante tantos episodios de enojo absurdo que imperaron durante tantos años.
Mi papá se fue en paz, casi cuando él decidió y de la forma que él decidió, rodeado de personas que lo querían y lo acompañaron durante un proceso largo en el que estuvo enfermo del cuerpo, pero en el que también se permitió sanar el espíritu.
Agradezco a todos los que me han escrito algo bonito o que nos han mandado bendiciones a todos los miembros de la familia. Nos sentimos muy contenidos, acompañados y llenos de amor.
Les pido que le manden a mi papá la mayor bendición que puedan, de acuerdo al credo que cada uno de ustedes tenga, imaginando su más alto bienestar.
Aprecio mucho tanto cariño. 🙏"
Gracias Halcón Equipal por compartir el amor.
“Queridos hermanos, debemos amarnos unos a otros, porque el amor viene de Dios. Todo el que ama es hijo de Dios y conoce a Dios.” 1 Juan 4:7