¿Tu vida es sumamente interesante?
Quien no presta atención a su propia vida está condenado a olvidarla
Éramos 11 hombres de la Manada Cósmica y Marcelo Salazar, la Cigarra de la Voz Interior, preguntó:
— “¿Quién de aquí considera que su vida es sumamente interesante?”
Algunos cerraron los ojos, otros fijaron la mirada en un punto para no ver a nadie, y de pronto uno de ellos levantó la mano. Eso motivó a los demás y se fueron levantando algunas manos. Al final, dos manos quedaron abajo.
El primero en levantar la mano fue el más joven y uno de los que no la levantó era el más grande. El más joven es mi hermano menor y el más grande es mi papá.
Conozco muy de cerca la vida de los dos y ambas son sumamente interesantes.
Para algunos, levantar la mano es arrogante, soberbio o egocéntrico, y prefieren dejarla abajo. Otros reconocen su vida como sumamente interesante.
Aquí, lo primero es la profundidad psicológica de la comparación social. Es una fuerza invisible que arrasa con todo a su paso. Se lleva la autenticidad, los sueños y la identidad de una persona.
Esa comparación incesante es visible en un ejercicio como este, pero ocurre con mucho más frecuencia y pasa más desapercibida de lo que nos damos cuenta.
Por ejemplo, en un scroll de Instagram de solo tres minutos, una mujer ya comparó su vida con la de la influencer que fue la F1 en Mónaco, con la coach del cuerpo que roba la atención de los hombres y con la que se atrevió a emprender su sueño.
Lo mismo con los hombres. No es una cuestión de género, la comparación es un condicionamiento social.
Marcelo no preguntó: ¿Consideras que tu vida es más interesante que la de los demás? Su pregunta fue: ¿Consideras que tu vida es sumamente interesante?
La pregunta no busca comparar tu vida con la de otro, sino evaluar la percepción que tienes de tu existencia y tus experiencias. Es una señal de tu autoconcepto y amor propio.
Cuando, más allá de este ejercicio entre hombres y amigos, una persona verdaderamente está convencida de que su vida no es sumamente interesante, es porque no se conoce.
Está contenida en su cuerpo, pero ausente en su propia vida.
Pasamos de una actividad a la siguiente, a la siguiente y a la siguiente. Check a un pendiente, check al siguiente, check al que viene. Avanzamos a toda velocidad, pero horas después ya no recordamos qué hicimos durante el día porque no lo hicimos con atención plena.
Como me ha enseñado la vida de mi hijo: “the days are long, but the years are short.”
La vida pasa y al no poner atención se nos escapa como arena entre las manos. Dejamos de recolectar las perlas de la experiencia de cada día y creamos una colección de vivencias sin significado.
Quien no presta atención a su propia vida está condenado a olvidarla.
Entonces, si nos olvidamos de nuestra propia vida, ¿cómo podríamos considerarla sumamente interesante?
Cuando pensamos que nuestra vida no es interesante, nos apagamos desde adentro. Perdemos confianza. Se drena nuestra energía. Y cuando eso pasa, se nota cuando hablamos. El mensaje llega, pero sin fuerza, sin seguridad y sin confianza.
La voz se debilita, pierde presencia y no puede expresarse plenamente para aprovechar las oportunidades del camino. Este pensamiento es un freno de mano a la expresión, no solo oral y escrita, sino creativa de nosotros mismos.
Imagínate un speaker que se sube al escenario y que, internamente, cree que su mensaje no es interesante. Proyectará baja energía y confianza. Independientemente de las palabras que diga, la audiencia no va a conectar con él y eso creará una disonancia auditiva donde la voz contradice el mensaje.
Esta creencia es tan peligrosa que, si una persona cree que su vida no es digna de ser contada, implícitamente está devaluando todas las experiencias y lecciones que ha aprendido de ella.
La vida queda reducida a una carga vivida con esfuerzo en lugar de un privilegio experimentado con entusiasmo.
Imagínate… De un privilegio a una carga.
Eso me recuerda a algo que platiqué la semana pasada con Isra Bravo:
— “Nada comunica y vende como el entusiasmo”.
Si se pierde la confianza y la energía, desaparece el entusiasmo que inyecta intensidad a la vida.
Lo bueno es que existe un código semiológico: cuando alineas actitud, intención y dedicación, emerge la atención. La atención nos conecta con la presencia y la presencia eleva el entusiasmo. A mayor atención, mayor presencia, mayor entusiasmo y mayor intensidad.
Además, ver tu vida como digna de ser contada no es ego. Es reconocer cómo tus experiencias y aprendizajes personales pueden ayudar, inspirar y servir a los demás.
Estoy convencido de que no existe una vida que no sea sumamente interesante. El problema es que, si no crees en tu historia, será imposible comunicarla con el entusiasmo que no solo comunica y vende, sino que más importante: conecta.
Por ejemplo, hace unos meses en el Heliesqui compartía la mesa con varios hombres destacados en sus disciplinas. Ese día no pudimos esquiar, así que fue plática y conexión todo el día. De la nada, me preguntaron sobre mi historia con Emma Watson en Burning Man.
Hace unos años hubiera buscado cómo no contarlo, pero esta vez fue diferente. Les conté la historia con tanto entusiasmo, que no solo me bombardearon de preguntas, se la pasaron chingándome el resto del viaje de la envidia que les dio.
Nuestra vida es más interesante de lo que pensamos, pero para verlo, sentirlo y experimentarlo debemos vivirla con la muy choteada presencia.
Porque de la calidad de la atención depende la calidad de la experiencia.
Ahora…
Cierra los ojos, respira y responde a esta pregunta:
¿Consideras que tienes una vida sumamente interesante?
— Mike
PD: Como sí creo que mi vida es sumamente interesante, la próxima semana compartiré un libro con los aprendizajes clave de una de las mejores experiencias de mi vida.
Tu voz y tu propósito — Marcelo Salazar
La voz es la herramienta más importante que tiene un ser humano porque, nos guste o no, todo el tiempo estamos vendiendo.
No solo vendemos productos, también vendemos ideas, pensamientos, reflexiones, aprendizajes y más.
La dimensión de la voz es mucho más profunda y estratégica de lo que pensamos. Trabajarla implica, inevitablemente, revisar la forma en que pensamos, sentimos, nos relacionamos y habitamos nuestra vida cotidiana.
Escucha a Marcelo con Oso Trava y descubre cómo cambia tu voz cuando te relacionas vertical u horizontalmente, y las implicaciones que eso tiene en todas las áreas de tu vida.
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