Los Guerreros del Corazón
Lo que un billionaire vivió en el Azteca
Escúchalo narrado por mi en Spotify aquí.
Al encuentro íntimo con Sahil Bloom viajaron tres hermanos desde Miami. Uno de ellos se llama Eric Castro.
Eric fundó BHG Financial con su hermano y un socio hace más de 25 años. Hoy, BHG vende más de 500M de dólares mensuales. Leíste bien, mensuales.
Lo conocí en 2021 y, desde entonces, Eric ha sido el mentor más influyente de mi vida. Es una sofisticada mezcla entre un Búfalo que va hacia la tormenta, un Halcón que se aventura a traer el mensaje y una Tortuga que observa y contempla sin prisa, pero sin pausa.
Para un billionaire, prácticamente no hay experiencias que el dinero no pueda comprar. Entre más dinero tienes, más experiencias vives y, paradójicamente, más difícil se vuelve conectar con el asombro.
Al llegar a la cena, un día después del 3-0 de México a Chequia, nos dimos nuestro largo y fraternal abrazo de ocasión.
— Brother…
— Brother…
— How was your experience yesterday at the Azteca?
— Holy shit! Unbelievable. I’ve never experienced something like that. It was as if the whole stadium was about to lift off with the heartfelt energy of the Mexicans. You guys need to relax.
Entre risas, terminó diciendo:
— Now I finally understand why Juan and you are so heart-driven with everything you do.
¿Y quién es Juan?
Es un hombre que encarna la pasión por vivir. No conozco a nadie con tanta hambre de vida como él. El día que lo conocí, me regaló el libro cuya pregunta apareció en mi mente cuando me quisieron secuestrar: How Will You Measure Your Life?
¿Quién te regala esa pregunta el día que te conoce?
Un hombre que camina con el corazón en la mano.
Ahora, Eric conoció a Juan cuando entró a BHG hace 15 años. No solo trabajan juntos: han viajado por todo el mundo y vivido todo tipo de experiencias hasta convertirse en hermanos del camino.
A pesar de ello, Eric nunca logró comprender de dónde venía la intensidad con la que Juan vive cada día. Y no me refiero al amigo intenso que tienes en mente: pedísimo, castroso y encimoso. Hablo de la intensidad que solo entiende un apasionado que quiere experimentar la totalidad de la experiencia humana.
Entonces, fue hasta presenciar la magnificencia del Azteca, junto a 80,824 corazones mexicanos elevando el canto del Himno Nacional y festejando tres goles como si estuviéramos levantando la Copa del Mundo, que Eric comprendió:
Los mexicanos son los guerreros del corazón.
Quiñones, Raúl Jiménez y Morita son los guerreros del corazón.
Hugo Sánchez, El Matador y Jorge Campos seguirán siendo los guerreros del corazón.
Juan, tú y yo también somos los guerreros del corazón, porque a pesar de ya no estar en el Mundial, México le mostró al mundo que no hay nada más magnético, vibrante y expansivo que el corazón mexicano.
El corazón mexicano ama, apoya, comprende, vive, conoce, inspira y reconoce. Es más grande que cualquier deporte, clase social y religión. Cautiva con su entusiasmo, servicio y pasión, y trasciende los límites de cualquier frontera mental, ideológica y terrestre.
El corazón mexicano sabe elegirse, comprometerse y entregarse a un camino. De su coraje y valentía surgen las historias de cada familia y pasan de generación en generación. Historias de amor, de guerra y de transformación que guardan la sabiduría de un linaje.
El corazón mexicano ama a su familia y a sus ancestros. Ama el compadrazgo y los apodos de cariño. La cultura, las tradiciones y la gastronomía. Los libros, la música y el arte. Los mares, las selvas y los bosques. Las aventuras, la fiesta y los amigos. Los tacos, el limón y el picante.
Y también ama la mágica intensidad del fútbol que une…
A un padre y a una madre con su hijo, a un hermano con su hermano y a un amigo con su amigo. A un mexicano con un sudafricano, un coreano, un checo, un ecuatoriano y un inglés.
El fútbol unió a México con el mundo y al mundo con México.
Una mágica intensidad mundialista que logró lo que ningún político podrá lograr: eliminar los prejuicios entre chairos y fifis para hermanarnos y reconocernos entre 130 millones de guerreros mexicanos.
Todos con distintos orígenes, historias y caminos, pero ahora mostrándonos ante millones como los guerreros del corazón…
Y el mundo lo agradeció.
Podría seguir con todo lo que me dejó México este Mundial, pero solo piénsalo un momento. Un billionaire americano que ha vivido de todo puso atención, observó y sintió en el Azteca lo que muchos mexicanos no han podido ver ni sentir durante toda su vida:
¿Y si sí es chingón ser mexicano?
— Mike
PD: Despierta a la responsabilidad de haber nacido en México y recibir el corazón de un guerrero.



