Cada vez en más conversaciones, más libros y más podcasts escuchamos que vivir en el presente cambia tu fisiología, que la presencia transforma tu percepción de la vida y que el mayor regalo es el presente.
La presencia se volvió tan cliché que la palabra ha perdido fuerza y relevancia. La gran mayoría conocemos sus beneficios, pero no los hemos vivido.
Es difícil comprenderlo y aún más complejo aprender a estar presente.
Lo asociamos con personajes místicos o yoguis que se retiraron a una cueva en la montaña, ayunaron por 40 días y a cambio recibieron sus primeros destellos de iluminación.
Parte del problema son nuestras asociaciones mentales: prejuicios condicionados que nos reducen a lo que somos y no a lo que podemos llegar a ser.
Pensamos: “si para experimentar el poder de la presencia me tengo que ir a una montaña o ayunar por 40 días, simplemente no lo voy a hacer”.
Esa asociación es una limitación de nuestro autoconcepto que elimina la oportunidad de decir “sí” a experiencias que nos den nuevos conocimientos y herramientas para elevar nuestra calidad de vida.
La presencia es mantener nuestra atención en lo que estamos haciendo. Es vencer la tentación de la distracción de una notificación, un scroll en Instagram, un WhatsApp. No hay que ser un místico elevado: observemos cómo los niños viven con más presencia que un adulto.
In an age of distraction, nothing can feel more luxurious than paying attention.
— Pico Iyer
El antídoto para la era de la distracción es la calidad de nuestra atención.
Y la única forma de poner atención es estando completamente presente.
En ese estado de absoluta presencia, accedemos a la habilidad más importante de todas: la lectura del momento.
Es un zoom out que nos da perspectiva al separarnos de las fuerzas invisibles que actúan sobre uno mismo y sobre los demás.
Con esa nueva perspectiva, toda situación, problema y punto de fricción cambia a través de la lectura del momento.
Hay un antes y un después porque descubrimos cómo resignificarlo todo.
Nos damos cuenta de que nada sucede por azar. Todo está íntimamente más conectado de lo que parece. Al leer el momento, lo que hoy se ve como desgracia, mañana puede convertirse en la experiencia más valiosa de tu vida.
Vivimos en sintonía con la realidad tal cual es, y no como queremos que sea.
Ponemos en práctica The Surrender Experiment de Michael Singer: jugamos con la perfección de la vida, en lugar de resistirnos y enfrentarnos a ella.
En la lectura del momento escuchamos lo que realmente se está diciendo y observamos lo que realmente está pasando.
No hay bloqueos ni resistencia. Recibimos la señal del Gran Mecanismo y actuamos sobre ella para recibir la siguiente y avanzar en el camino.
Cuando ese estado es compartido, la conexión con otra persona se da en mayor profundidad. Abrimos la parte más auténtica de nuestro ser y compartimos nuestros miedos y sueños. Tenemos conversaciones que se sienten como un podcast.
Al leer el momento, nuestras decisiones se vuelven las más coherentes con lo que la situación necesita. No es abandonar las cosas a la suerte, es observar cómo la realidad siempre estuvo alineada a nuestro objetivo y reconocer que nuestro camino para llegar a él no es el único ni necesariamente el mejor.
La lectura del momento le permite a un CEO diseñar el futuro de la empresa en lugar de administrar los bomberazos del presente. A un DJ llevar a las personas en un viaje musical más allá de sí mismas. A un chamán guiar una ceremonia hacia un espacio de sanación e integración seguro y contenido. A un entrevistador dirigir la conversación a un lugar de profunda vulnerabilidad.
Una táctica para caminar atentos por la vida es vivir la vida con ojos de escribirla. Si tuvieras que escribir tu vida, ¿tu percepción de ella sería la misma o empezarías a enamorarte de tu historia?
Vivir abierto y receptivo, aprender a escuchar y estar absolutamente presente para la lectura del momento son habilidades que no podemos comprar, heredar o copiar. Se practican cada día y, mientras más lo hagamos, más se transformará nuestra calidad de vida.
A partir de este momento recordemos que, cada vez que no estamos atentos y presentes, nos perdemos lo más importante: la lectura del momento que nos mantiene en la línea de nuestro propósito.
Something to think about…
“You don’t think your way into a new kind of living. You live your way into a new kind of thinking.”
— Henri Nouwen
¡A leer el momento! A vivir de instante en instante, como predicaba Krishnamurti. A poner atención a nuestra vida, antes de que se escape como agua entre los dedos. ¡Gracias por recordarlo, hermano Halcón!
Ese quote del final! Fino, poderoso... abrazote, hermano!