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Hace cuatro meses convoqué a nueve hermanos a un encuentro íntimo con Sahil Bloom (escritor del NY Times Best Seller “The 5 Types of Wealth”), pero no para hablar de él, sino para hablar de la fuerza oculta en un ripple effect.
Así como una piedra que avientas al agua genera un efecto expansivo de círculos concéntricos, toda acción sostenida en el tiempo genera un ripple effect que va más allá de uno mismo.
Desde iniciar con un nuevo hábito, como salir a correr, hasta sentarte a escribir tu vida, entre más lo haces, mayor es tu transformación y la onda expansiva de esa acción.
Por ejemplo, trabajar mi perspectiva y relación con la muerte, poco a poco, me va revelando lo verdaderamente significativo para mí: descubrir, pulir y dar lo mejor de mí para cumplir mi misión y tener un profundo impacto en el camino de otras personas.
Experiencias como este encuentro, donde convoco y me hago a un lado para dejar que la magia suceda, son consecuencia de ello, aunque el impulso de compartir el camino empezó con la escritura.
En agosto de 2022 escribí el primer Momento de Tranquilidad a mi equipo. Mi intención era compartir historias, experiencias y reflexiones para inspirarlos a iniciar su camino de autoconocimiento.
Una intención genuina y real, pero también impulsada por una sombra más profunda que hoy veo con claridad: la necesidad de reconocimiento.
Una necesidad manifestada en medir mi vida por el impacto profundo que pueda tener en otras vidas.
Y, cuatro años después de escribir mi vida cada semana para desenredar, ordenar y comprender los significados de mis experiencias, me pregunto mientras escribo esto:
¿Cómo mediré ese impacto?
¿Cómo sabré si valió la pena?
¿Cuántas vidas significan suficiente impacto?
Las tres son preguntas sin respuesta única. Tu respuesta es diferente a la mía, la mía es diferente a la de él y la de él es diferente a la tuya.
Sí, sí escribo para ser el protagonista, el editor y el crítico de mis experiencias y sus significados. Pero no puedo negar que, si no he fallado una sola semana en cuatro años, también es porque he escrito buscando ser reconocido y admirado.
En este tiempo me he ganado el respeto y reconocimiento de varias de las personas que más admiro y que mayor influencia han tenido en mi camino. Apenas lo comprendo, pero, contrario a ser reconocido por miles, ser respetado por aquellos que más admiro es el reconocimiento externo verdaderamente importante.
Pero eso no es suficiente porque, aunque sus palabras han sido parte del impulso que me ha conectado con mi misión, con el paso del tiempo su eco se desvanece, porque no nació de adentro, llegó de afuera.
Sé que el único reconocimiento capaz de crear un ripple effect de evolución interna es el que me dé yo a mí mismo. Es una semilla que solo florece con amor propio, porque el reconocimiento que no me dé yo a mí, nadie me lo podrá dar. No tendrá el mismo sabor, no se sentirá igual y no significará lo mismo.
Pero saber algo no significa haberlo comprendido.
Puedo saber que reconocerme me llevará más lejos y con más fuerza que cualquier reconocimiento externo, y aun así no bajarle a mi autoexigencia.
Entonces, para reconocerme, vuelvo inevitablemente a la pregunta que me regaló un Gran Hermano en la carta que me dio en mi cumpleaños el 17 de julio:
— “¿Servir o ser visto sirviendo?”
Y pensar en ella me lleva a otra pregunta:
¿Impactar aunque no sea reconocido y nadie lo sepa sería igual de importante para mí?
Quiero ir más adentro, pero ante estas dos preguntas mi escritura no fluye. No sé cómo avanzar al cuestionarme algo que nunca me había cuestionado antes. Me siento ansioso por no encontrar las palabras que desenredarán este nudo y traerán claridad al camino.
Estoy estancado y no puedo acceder a ese entendimiento sobre el servicio.
La música de Pablo Narayana me va llevando hasta que siento la presencia de este Gran Hermano y, finalmente, lo comprendo:
Es verdad que mi incesable búsqueda de reconocimiento me llevó a vivir experiencias donde pudiera ser visto sirviendo. Y también es verdad que en ellas descubrí que el amor es la única fuente de la que emana el verdadero servicio. Entonces, cuando me sentí llamado al servicio, me entregué al amor y me sané, me integré y me hice responsable de mí mismo.
Ahora no solo vivo esas experiencias: las creo con la fuerza y creatividad del corazón, y mientras escribo esto, siento cómo ahora sí honro, respeto, admiro y reconozco el impacto que seguir mi camino ha tenido en la vida de mis hermanos y otras personas.
Ya comprendo que la fuerza del servicio es más poderosa que el sufrimiento de cualquier herida.
Servir puede tener tantas motivaciones como heridas que trascender, pero, ante los desafíos, tentaciones y pruebas del viaje a uno mismo, en el largo plazo un camino de servicio solo se sostendrá en la fuerza de su intención si es una intención de amor.
Quien se entrega a servir su misión irradia un ripple effect que no solo cambia la dirección de su vida, sino que impacta la vida de muchos otros que nunca conocerá.
Mientras mi anhelo de servir sea mayor que mi búsqueda de reconocimiento, aprenderé a lanzar la piedra al agua, irme y dejar que el ripple effect haga su magia porque ya no necesitaré quedarme a contar y medir los círculos de mi impacto.
Al final, escribiendo esto entendí que mi verdadero regalo de cumpleaños fue una brújula disfrazada de pregunta para cuestionarme siempre desde dónde, para qué y por qué estoy sirviendo.
Sal a caminar y pregúntate tú a ti mismo:
¿Quiero servir o quiero ser visto sirviendo?
— Mike
PD: Te desafío a convocar un encuentro en el que tú seas el punto de conexión entre todos, hacerte a un lado y observar cómo sucede la magia.




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