¿Qué haces con las piedras del camino?
Aprender a construir castillos
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La semana pasada conocí a Don Robert. Un guardián de la sabiduría y el linaje de los mexicas que vive en lo profundo del bosque, rodeado de oyameles, plantas, piedra volcánica, copal y vapor.
Es un abuelo polifacético. Habla de historia, física cuántica, ciencia, sociología, biología, misticismo y más. Conoce también la astrología, la matemática y la psicología resguardadas en los códigos del Calendario Ritual (Tonalpohualli), y los interpreta no como una respuesta, sino como un mapa.
Desde hace tres décadas se comprometió con una tradición que se aprende caminándola: el Temazcal.
Para mí, que crecí con un padre empresario rodeado de otros empresarios, los encuentros que ofrecen una percepción distinta de la realidad son un privilegio. No por una negación hacia mi padre, sino porque enriquecen la visión que me fue dada en mi lugar de nacimiento.
Antes de entrar al Temazcal, Don Robert nos abrió su casa a la Manada Cósmica y a mí, y nos entregó 90 minutos de sabiduría sobre el camino de la vida.
Estas oportunidades son un regalo. La sabiduría que viaja en la palabra de un verdadero chamán tiene el poder de modificar la percepción que tienes de tu propia historia.
Son aprendizajes y lecciones que, si las caminamos, hacen de nuestro mapa uno más completo y sofisticado.
Después de recibir su sabiduría, uno por uno entramos por esa puerta intimidante que simboliza el regreso al origen, al vientre de nuestra madre, hasta quedarnos en una oscuridad total dentro del caluroso Temazcal.
Dejamos al vapor hacer su trabajo. Bajamos la guardia. Y entre más quemó, más profundo fuimos.
En un momento, Don Robert habló y nos contó la siguiente historia:
Hace cientos de años, en un pueblo lejano, había un rey que deseaba construirse el castillo más impresionante que se hubiera visto.
Para lograrlo, tuvo que traer piedras y arena de todo el reino. Eran tantas que los montones obstruyeron el paso por las calles del pueblo.
La gente del reino, poco a poco, comenzó a quejarse, pensando que con el tiempo las piedras y la arena irían desapareciendo. No fue así.
Las rutas de los comerciantes y los mercados se movieron de lugar. Los caminos fáciles y sencillos a los que la gente del reino estaba acostumbrada quedaron bloqueados. Ahora llevaba más tiempo ir de un lugar a otro.
El costo era mayor en tiempo, en energía y en dinero.
Los pueblerinos se organizaron en distintos puntos de la ciudad exigiendo al Rey que restableciera la comunicación y el libre tránsito en las calles del pueblo.
Mientras la gente se quejaba y maldecía al Rey, había un joven campesino con su mula que todos los días se llevaba unas cuantas piedras y un poco de arena.
El pueblo seguía enfurecido. La gente trabajaba de malas, el juicio se volvió un hábito y la queja, el nuevo hogar. La construcción del castillo llevaría años y el pueblo no logró adaptarse a su realidad.
Mientras todo el pueblo se quejaba y enjuiciaba las decisiones del Rey, el joven campesino seguía recogiendo con su mula una piedra y un poquito de arena cada día.
La desesperación del pueblo llegó a tal grado que se alzaron en armas y marcharon contra el Rey. El Rey, desde su castillo, ordenó a su ejército detener a los campesinos sin lastimarlos.
De pronto, un grupo de campesinos curiosos siguió al joven que con su mula llevaba una piedra y un poco de arena. Lo siguieron por los caminos alejados, hacia las profundidades del bosque, cruzando pantanos y ríos.
Al llegar, descubrieron que el campesino vivía en la casa de piedra y arena más hermosa que habían visto.
Los curiosos, sin poder creerlo, regresaron al pueblo a contar lo que habían visto.
Al día siguiente, el joven campesino llegó al pueblo con su mula y, mientras tomaba una piedra, los curiosos se acercaron a preguntarle:
— “¿Qué hiciste para tener la casa que tienes?”
Y el campesino les contestó:
— “Es fácil. Desde hace tres años he utilizado las piedras y la arena que me he encontrado en el camino para construir el castillo de mis sueños…”
Así de claro fue Don Robert.
Nos quedamos en silencio, a oscuras, reflexionando sobre el significado de los obstáculos del camino. Yo reflexioné sobre las complejidades de este embarazo. Lo que se ha movido en mi casa y en mi mente. Los planes que tuve que soltar y dejar pasar. El torbellino de la vida que a momentos llega con todo.
Con esa historia comprendí que este embarazo, en lugar de llevarme donde quiero estar, me ha llevado a donde debo estar para aprender lo que necesito, para llegar a donde quiero estar.
Si lo vemos desde otra perspectiva, en las piedras, en la arena y en los caminos bloqueados está marcado el camino a la máxima realización de tu Ser.
Ese jefe que te caga, esa actitud de tu hijo que te confronta, ese cliente que te exige como nadie… te está regalando piedras y arena para construir el castillo de tus sueños.
No por nada Ryan Holiday tituló uno de sus mejores libros The Obstacle is the Way.
Impactado por sus historias, le pregunté:
— “Don Robert, desde su visión, ¿cuál es el significado de la vida?”
Guardó silencio.
Cinco. Diez. Quince segundos.
Hasta que me contestó:
— “Aprender.
Ser un alumno hasta convertirnos en maestros y construir castillos en la mente y el corazón de todas las personas.”
- Mike
PD: Si estás construyendo castillos que mejoran la vida de la gente y no sabes cómo asegurarlos, responde con la palabra “tranquilidad”.
Something to think about…
“When you’re born you look like your parents, when you die you look like your decisions.”
— Desconocido
Últimos Momentos de Tranquilidad
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