Escúchalo leído por mí en Spotify: aquí.
Una mujer, trece hombres y Tatewari, el Abuelo Fuego, al centro.
Once de esos hombres con un desafío evolutivo que trascender en doce semanas.
Mi desafío es escribir mi primera canción.
Todavía no sé tocar guitarra ni escribir una canción, pero ya me convencí de compartir también en canciones lo que aprendo en el camino.
Lo quiero porque será un viaje que me enseñará a pulir mi intención, sostener mi dedicación y elevar mi compromiso para que lo que comparta sirva como un mapa para navegar la vida.
Ernest Hemingway dijo alguna vez: “Para escribir de la vida, primero hay que vivirla”. Entonces, para cantarle al camino, primero hay que caminarlo.
Y ahí estaba, dando un paso más en el camino. Mi mirada en el fuego. Mi percepción abierta. Mi atención en ese tiempo y espacio.
Sentado frente a Tatewari, sentí mi intención en el lugar correcto, alineado y centrado por dentro. Sabía por qué y para qué estaba en ese momento con mis hermanos del camino.
Y le pregunté:
¿Qué significa una Hermandad?
Esperé, esperé y esperé…
Pensé que mi dedicación me conectaría con la fuente y las palabras de la canción llegarían por intervención divina. Claro que no fue así, pero recibí algo mejor.
Puse tanta atención como pude a las señales de la noche. Poco a poco, profundice en el valor de la Hermandad con información para la canción. Hasta que, para poder avanzar más, recibí del fuego la pregunta que contenía la respuesta que abriría ese camino.
Una pregunta que me dejó claro que, para escribir el mapa que quiero regalar al mundo, tengo que atreverme a hacer lo que no he hecho antes.
La fuerza de la pregunta me impulsó a arrodillarme y ver lo diferente que es el mundo desde abajo.
De rodillas comprendí cuántas veces espero algo diferente sin atreverme a hacer algo diferente. Y desde ese lugar regalé a mis hermanos la fuerza del canto que llevo adentro.
Tal vez has tenido etapas donde sientes que ya conquistaste el juego y que la vida ya no tiene más para darte. O te sientes perdido y confundido ante tu siguiente paso. O te has frustrado con la vida porque no te da más y mejor.
No sé qué estes viviendo ahora.
A mí me ayudó la pregunta que me dio el fuego:
¿Y si solo estoy de pie porque no me he atrevido a verme arrodillado, yendo más adentro?
— Mike
PD: Toda experiencia te da en la misma medida en que tú te das a la experiencia.

Hablando de atreverse…
Más veces de las que recuerdo, he mencionado a un hombre que, gracias al impacto de su vida en la mía, me encaminó por el camino de la Mente al Corazón.
Para muchos es un Maestro que les ha dado sanación, integración, perspectiva y ha abierto caminos de amor, propósito y sentido.
Para mí, no es solo un Maestro.
Es EL Hermano del camino y de otras vidas, con quien pacté compartir la entrega a la vida para, con su ejemplo, comprender que el máximo placer es el máximo servicio y el máximo servicio es el máximo placer.
Sin él no habría surgido la visión del Camino de la Mente al Corazón.
Después de insistirle sigilosamente durante algunos años para que compartiera su camino a través de la escritura, finalmente lo hizo el día en que cumplió 43 años.
Si has resonado con la visión de Momentos de Tranquilidad, una de mis principales influencias es Don Pepe Ramos.
Te comparto su primer escrito “La Ambición de la Gente Buena” y la pregunta que nos regaló para atrevernos a tener impacto en el mundo:
— “¿Qué pasaría si dejara de preguntarme quién soy yo para hacer ciertas cosas y comenzara a preguntarme qué podría ocurrir si realmente me atreviera?”
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¿Y si solo estoy de pie porque no me he atrevido a verme arrodillado, yendo más adentro? ¡Qué frase tan poderosa, Miguel! A veces lo más difícil no es mantenernos de pie, sino atrevernos a descubrir qué hay detrás de esa necesidad de permanecer fuertes. Quizá la verdadera valentía comienza cuando dejamos de resistir y nos permitimos mirar hacia lo más profundo de nosotros mismos. Qué fuerte pensar que incluso nuestra fortaleza puede ser una forma de escondernos.