Asume tu grandeza
Vive sin permiso
(Sal a caminar y escucha en Spotify este Momento de Tranquilidad).
Hace unos meses convoqué a 13 hombres a Mente al Corazón IV.
Desde los 30 hasta los 64 años. De México, Colombia y Perú. Creativos y creadores, hasta líderes con vocación de propósito y servicio.
La intención: ser mejores hombres.
Para lograrlo hay que atrevernos a mirar, asumir y encarnar la grandeza que llevamos dentro.
Y eso hicimos hace tres semanas.
Se escucha arrogante. Se escucha soberbio. Se escucha engreído.
Pero, ¿por qué no?
¿Por qué no creer que la grandeza vive en nosotros? ¿Por qué no romper todo límite autoimpuesto? ¿Por qué no ser del tamaño de los sueños del niño que llevamos dentro?
¿Por qué no?
En un círculo de palabra, uno de estos hombres se atrevió a revelar lo que únicamente su voz interior y él sabían. Decidió romper el silencio y dejarse de esconder detrás de la vergüenza de los “delirios de grandeza”.
En voz alta, escuchándose a sí mismo, confesó y aceptó las incongruencias que siente en su industria y liderando su empresa, y se comprometió con una nueva visión de su modelo de negocio para mejorar la vida de sus +4,000 colaboradores y cientos de miles de clientes.
¿Cómo lo hizo?
Soltó el miedo que lo privó de su misión.
Asumió su grandeza con el corazón en el lugar correcto.
Se atrevió a ser del tamaño de los sueños del niño que lleva adentro.
Gracias a que se compartió transparentemente, plantó en el grupo la verdad de que, para aspirar a la grandeza, primero hay que confiar que la llevamos dentro.
Su historia nos inspiró y cada uno reveló por primera vez su visión con certeza, sus retos sin miedo y sus sueños con amor.
Un acto que parece insignificante, pero que lo cambia todo.
Dejan de ser ideas escondidas y se convierten en misiones y compromisos ante un grupo de hombres que pondrán su energía, talento y corazón para servirte.
Lo que literalmente — está cabrón — es que, creemos necesitar permiso para liberar nuestra grandeza.
¿Permiso de quién y permiso por qué?
Para llegar a la grandeza hay que aprender a vivir sin permiso.
La grandeza no es ser un “emperador del mundo”. Es ocupar tu lugar con la humildad del eterno aprendiz y con un espíritu de servicio que eleva tu vida y la de quienes te rodean.
Hacerte chiquito ante tu grandeza es una falsa humildad. A nadie le sirve negar sus talentos como si fuera más espiritual esconder tu luz que brillar con ella.
La humildad es reconocer tu grandeza sabiendo que no eres su dueño, sino su canal.
Es como el Halcón cuando eleva su vuelo tan alto que en picada alcanza velocidades de hasta 390 km/h. No esconde ni niega el poder de sus alas; simplemente sabe que el viento que lo sostiene no le pertenece.
Como nos dijo mi hermano el Búho en esa misma conversación:
— “El exceso de humildad es arrogancia.”
Tu grandeza también es la semilla de la que florece la inspiración para que alguien se transforme y, con su ejemplo, inspire a otros a hacer lo mismo.
Por eso, la grandeza se asume e implementa desde la responsabilidad.
La responsabilidad de no pedir permiso, de no esperar y de actuar. Nadie hará por nosotros lo que no hagamos nosotros mismos. No hay tiempo que perder. Hay que desplegar lo que somos para dejar huella a donde vayamos.
La responsabilidad también es atreverse.
Atreverse a fallar. Atreverse a brillar. Atreverse a volar.
Porque si no te atreves, no solo te privas tú de tu grandeza y tu máxima realización personal. Vas a privar al mundo del regalo que únicamente tú llevas adentro.
Ese regalo se descubre en el camino del conocimiento de uno mismo. Un sendero solitario y sin final, para los aventureros que crean un camino entre su mente y su corazón.
Y cuando descubres tu grandeza no hay vuelta atrás. Tener miedo o vergüenza de compartirla es peor que no saber cuál es. Te consume por adentro, te desgarra poco a poco y te roba el entusiasmo por la vida.
Nunca sabré el impacto real que ha tenido Momentos de Tranquilidad o Mente al Corazón en quienes los han vivido. Pero sé con certeza que, si no hubiera respondido a este llamado hace unos años, por dentro estaría viviendo una vida miserable.
Estaría frustrado, decepcionado y deprimido por la diferencia entre mi visión y mi realidad. Probablemente me habría separado. Sin tiempo de calidad con mi hijo o sin ser papá, y sin un compromiso con el propósito de la empresa.
Atrévete a ser el héroe de tu propia historia. A ser el elegido, por elegirte a ti mismo.
Inicia tu viaje del héroe.
Asume tu grandeza.
Y ofrécela al mundo desde el llamado de la humanidad: el servicio.
Lo único que debes hacer para lograrlo es lo que me dijo este hombre al oido en un involdidable abrazo de ceremonia:
— Ámate. Ámate un chingo, hermano Halcón.
Entonces, la pregunta no es si eres grande…
La verdadera pregunta es:
¿Te amas tanto como para entregarte al servicio de algo más grande que tú?
— Mike



